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lunes, 3 de septiembre de 2018

Sé, con los ojos cerrados, que aun están allí.


Atiendan a lo que una vez me contó Magín Fonseca, un montero duro de la rivera de la Sierra de Cubitas.
Una noche Evaristo que desde la vuelta de La Ermita Vieja regresaba a caballo para San Miguel de La Entrada, que era donde él vivía, encontró a medio camino a Tino, un joven vecino del mismo batey de La Entrada. “Adelánteme un poco que estoy muy cansado”, le dijo a Evaristo, se monto a las ancas del animal y así fueron un rato conversando. A la media marcha y un poco antes de llegar al cementerio de Tuabaquey, que esta a la orilla, del camino, el joven se bajo de la bestia y le dice a Evaristo, “Déjame aquí que yo sigo luego. Dígale a mi gente que estoy bien”. Evaristo insistió para que no se quedara solo allí y que siguiera con él, pero este Tino se negó y se negó. Cuando Evaristo llego por fin a La Entrada fue directo a la casa del vecino para dar el recado y además preocupado porque el muchacho se había quedado solo en el camino. Y mira, allí le dijeron que esto no era posible porque Tino se había ahorcado el día antes en Camagüey.

martes, 7 de febrero de 2017

En Las Veguitas, ¿ se “trancó el dominó”?·


Nadie sabe cuando surgió Las Veguitas y muchos menos porqué en ese lugar donde nunca jamás parece que existió vega alguna de tabacos. Lo primero fue, parece, el ingenio azucarero Bainoa, cuyos restos aun se hallan dispersos en el bosque y a espaldas del poblado, entre la Sierra de Cubitas y el llano del sur, el río Jigüey sinuoso y cubierto por un bosque de de majaguas que en florescencia tiñen de sangre las aguas.
Situado en los confines del este del municipio Esmeralda, casi sobre la frontera con el territorio cubitero, Las Veguitas tomo impulso por la década de 1970 a partir de la explotación forestal y con el trabajo agropecuario de la granja Osvaldo Sánchez Cabrera. También la promesa de un desarrollo turístico en el entonces Parque Nacional Alfredo Álvarez, Mola, situado a corta distancia, motivo una esperanza de bienestar que con lógica impulsó el aumento de su población e instalaciones sociales de atractiva solvencia.

jueves, 21 de julio de 2016

Banao; no solo cien años de soledad.




La primera historia
Nadie sabe cuando o porque se fundó en ese lugar el caserío de Banao, pero orillada al flanco sur de la Sierra de Cubitas y próxima al río Jigüey, la comunidad ya existía en la medianía del siglo XVIII. Fue de hecho la capital del barrio cubitero del que dependían siete caseríos, incluyendo el embarcadero de La Guanaja en la bahía de La Gloria.
Se sumaron en sus raíces vizcaínos, asturianos, gallegos, venezolanos y colombianos pero especialmente canarios y catalanes de los que nadie sabe porque recalaron en un lugar como este y cuyas tumbas hoy están perdidas en el monte. Enterrados al igual que familias de diferentes regiones del país, incluyendo habaneros, baracoenses, espirituanos y matanceros