Una
mañana de febrero de 1957 Gilberto Silva Taboada, tranquilo biólogo
vinculado a la Escuela de Ciencias Naturales de la Universidad de La
Habana, estudioso de los murciélagos y miembro de la Sociedad
Espeleológica de Cuba, fue sorprendido cuando sin previo aviso fue
invitado con carácter de urgente a una suite del hotel Habana Hilton
por los abogados de la firma Jova-Vega Penichet, representantes en
Cuba de los negocios del norteamericano Jacobo Jack Arvey,
influyente político de Chicago, por entonces presidente del Partido
Demócrata de los Estados Unidos de Norteamérica y a la vez audaz
industrial.
La
conversación con los abogados fue muy directa; a Silva le invitaban
a participar en una aventura financiera por la que, a partir de esos
momentos, recibiría 1 200 dólares mensuales, más el cargo de
director técnico de la una proyectada Compañía Cubana de Guano de
Murciélago. A cambio el biólogo debía estudiar las posibilidades
de explotar con éxito este recurso natural en nuestro país y
eliminar por cualquier modo –y eso era muy importante--, al mafioso
cubano-norteamericano Trino Alejo, quién había engañado a Mr.
Arvey para infiltrarse en la empresa, falsear documentos y obtener
ganancias a espaldas del magnate yanqui. El estudio del guano y la
desaparición del tal Alejo debían de ser cumplidas en un plazo
breve o Silva también podría correr peligro.
La
premura de los abogados tenia dos importantes razones; la primera
porque los depósitos de las cuevas del Gran Cañón del Colorado,
lugar donde operaba la empresa de Arvey en un negocio que les
reportaba treinta millones de dólares al año, se hallaban a punto
se agotarse, de allí la necesidad de tener a mano toda la
información sobre la cantidad y la calidad del guano en nuestro
país.
Lo
segundo era adelantarse al avaricioso dictador cubano Fulgencio
Batista, quien en más de una oportunidad le había comunicado a Mr.
Arvey sus intensiones de sumarse a la lucrativa empresa que se
establecería en la mayor de las Antillas.
Sin
tener idea de como se libraría del mafioso, Silva aceptó la
propuesta y comenzó a investigar los contratos y documentos
manipulados por Alejo. No tardó mucho el capo criollo en conocer las
investigaciones del biólogo y prefirió, antes de caer en el
capítulo de los ajustes de cuenta, visitar a Silva para amenazarle y
sumar otra propuesta; o se declaraba cómplice y vendía su silencio
o lo mataba. Así de sencillo.
Al
conocer la baladronada de Alejo los abogados de Arvey decidieron
ocuparse personalmente del asunto e invirtieron los papeles. A Trino
Alejo le dijeron que tenia 24 horas para desaparecer de la escena o
podría salir lastimado y ya no habría arreglo. El mafioso criollo,
que no era tonto, tomó al vuelo la insinuación y se perdió del
país con un cheque de 250 mil pesos.
Libre
de aquellas bravatas, Gilberto Silva visitó varias regiones de Cuba
para ubicar depósitos y analizar las muestras extraídas. Se hallaba
en esas gestiones cuando conoció las obras que la pequeña compañía
Corredera – Arruz y Díaz, realizaban con el fin de extraer guano
de murciélago de la cueva de El Circulo al este de la Sierra de
Cubitas, en Camagüey, su principal accionista, Manuel Corredera,
colono avecindado en Minas, se dedicaba desde hacia mucho a mejorar
los cultivos de las fincas de los alrededores con el uso de abonos
químicos y orgánicos.
En
sus campañas de prospección por la zona Corredera hizo analizar el
guano depositado en diferentes salones de la espelunca. Satisfecho
con el resultado adquirió el lote donde se encontraba la cueva en la
finca El Infierno, propiedad de los esposos Emilio Ballagas Rodríguez
y Modesta Membribe Romero, con el derecho de construir un terraplén
de casi un kilometro de extensión desde el camino vecinal que
cruzaba ante la entrada de la finca al sitio donde se realizarían
las extracciones.
Para
esa obra Corredera contrató por treinta mil pesos los servicios de
húngaro cubanisado Georg Lucas, hombre también de mucha iniciativa
y experiencia en el montaje de grandes instalaciones industriales,
incluyendo
molinos de viento para la extracción de agua que habían ganado
prestigio en el sector pecuario. Lucas
aceptó la oferta, sumando a lo que entonces se consideraba una
aventura al ingeniero Héctor Poveda Suárez, y al mecánico Emilio
García, ambos trabajadores de su propio taller.
“Trabajamos
como seis meses bajo tierra para hacer esa obra que fue una locura,
nos relataría muchos años después Poveda, La
extracción la solucionamos así,
el guano salía de la cueva a bordo de la góndola con un metro
cúbico de capacidad colgada del monoriel hasta ir a descargar a un
embudo a unos 100 m de distancia frente a la boca de la cueva que
estaba unos 20 m por encima de la zona de descarga. Debajo del embudo
se colocaban los camiones para ser cargados”,
Durante
una visita a El Circulo el biólogo Gilberto Silva comprobó que el
guano era no solo de magnifica calidad, sino que allí se depositaban
cientos de miles de toneladas, por lo que con el apoyo de la firma de
abogados que le patrocinaba estableció negocio con Corredera,
mediante el cual el colono se mantenía como propietario de la cueva,
pero vendería las instalaciones a la nueva empresa que seria
oficializada, recibiendo a cambio una bonificación del 10 por ciento
de las ganancias netas.
Finalmente
a mediados de 1958 los norteamericanos oficializaron en Chicago The
Cuban Gung Bat Company
con oficinas comerciales al sur de los EE.UU, iniciándose una
fructífera industria extractora desde Camagüey, empresa que por
cierto, ya a esas alturas, no iba a tener mucho futuro dada la
situación política del país.
Luego
del 1ro. de enero de 1959, y designado el Dr. Antonio Núñez
Jiménez Director Ejecutivo del Instituto Nacional de la Reforma
Agraria. INRA, Silva le propuso a Núñez nacionalizar los depósitos
de guano y propiciar la participación del estado junto a la firma
norteamericana en su explotación. Realizadas las consultas de rigor
al gobierno cubano le interesó el negocio tanto como a la firma
comercial, por lo que luego de algunos acuerdos entre la Compañía
norteamericana y el INRA, el 15 de junio de 1959 se constituyó,
apenas un mes después de ser proclamada la Ley de Reforma Agraria,
la primera empresa mixta – estatal – privada de la Revolución,
con el nombre de Empresa
Cubana de Guano de Murciélago S.A,
cuyo representante en la provincia de Camagüey, designado por Silva,
fue José Manuel Guarch, presidente del Grupo Espeleológico
Yarabey.
En
poco tiempo se manifestó el éxito del nuevo abono orgánico
extraído de la cueva del Circulo, comercializándose este en
paquetes y cajas cajas de una libra al precio de 0.69 centavos; fue
tanta la demanda entre los pequeños agricultores y jardineros del
sur de los EE.UU. que con el primer envío se pagó toda la inversión
inicial.
Mientras
y para ampliar las posibilidades del comercio de abono orgánico, el
23 de septiembre el INRA creó la Oficina de Guano de Murciélago y
Tierras de Cavernas. La Resolución 32 con esta fecha señala en uno
de sus por cuantos;
“El
INRA tiene celebrada con la compañía de Guano de Murciélago S.A.
un contrato en virtud del cual el INRA se obliga o compromete a la
extracción del guano de murciélago y tierra de cavernas contenido
en los depósitos y yacimientos existentes, cuyos materiales serán
procesados por la citada Compañía Anónima para abastecer al
mercado nacional y las solicitudes del mercado extranjero”
En
octubre la institución fue adscrita al Departamento de Industrias
del INRA, atendido por el Comandante Ernesto Guevara
Sobre
aquellos momentos Silva recuerda;
“El guano de murciélago camagüeyano barrió con la competencia de
otras 20 empresas de abono, tanto del propio Estados Unidos como de
otros países. En poco tiempo, y con las primeras cien mil toneladas
obtenidas en El Circulo, el ingreso de las exportaciones permitió
ampliar el negocio, explorándose otros yacimientos en las cuevas de
Punta Caguanes y Punta Judas, en la costa norte de la actual
provincia de Sancti Spíritus, construyéndose además el motel de
Las Cuevas, en Trinidad.
Sin
embargo, al percibir la marcha que seguía la Revolución, el
gobierno yanqui comenzó a entorpecer la economía de Cuba. En junio
de 1960, y mientras las relaciones entre los dos países se
deterioraba por horas la administración estadounidense comenzó a
propagar una
campaña de desprestigio contra los productos cubanos, en la que
sumó al guano de murciélago, e incitaron a limitar su compra o
prohibir su uso. De este se dijo que estaba contaminado o
supuestamente dañado por productos químicos para así obstaculizar
los embarques mientras amenazó a los empresarios con suspenderles
todas sus licencias comerciales.
En
ese mismo mes el gobierno yanqui despojó a Cuba de su cuota
azucarera, y en agosto, nuestro país respondió con la
nacionalización de todas las empresas extranjeras en una lista
donde figuraron 36 centrales azucareros norteamericanos. Por supuesto
que la Empresa de Guano de Murciélago no podía estar al margen de
esa lucha y Mr Arvey decidió abandonar el negocio y cerrar sus
oficinas comerciales, determinación que adoptó justo cuando en los
muelles de Miami se encontraba el mayor cargamento exportado hasta
entonces desde las cuevas cubanas; por supuesto ese envío jamás fue
pagado.
Finalmente
el 3 de enero de 1961, se derrumbaron las relaciones entre los dos
países.
Para
buscar una alternativa al comercio del guano, empresa de la que
dependían decenas de trabajadores, el INRA estableció negociaciones
con las cooperativas campesinas para la venta del producto en esas
pequeñas fincas y parcelas productivas
En
ese propio año, justo el 13 de octubre, el Comandante Ernesto Che
Guevara, entonces titular del Ministerio de Industrias, convocó a
funcionarios de ese organismo en la provincia a una reunión que se
produciría en horas de la tarde en el teatro José Luis Tassende de
la ciudad de Camagüey. Con tiempo suficiente para acudir a la
plenaria, apenas descendió de la avioneta en que viajó desde La
Habana el Che, en compañía del Capitán Enrique Mendoza Reboredo,
delegado del INRA en la provincia, partió hacia Nuevitas, región en
la que por entonces se proyectaba un marcado desarrollo industrial,
fijando en en ese viaje la ubicación de las fábricas de cemento 26
de Julio y la de alambres y electrodos Esteban Lugo.
Desde
ese sitio se dirigieron hacia la Sierra de Cubitas a donde llegaron
al filo del medio día a fin de conocer las instalaciones de la cueva
de El Círculo y decidir el futuro de la empresa extractora, ahora
sin el respaldo de las exportaciones y sometida a una fuerte campaña
por parte del gobierno norteamericano. En la plazoleta, junto a la
boca de la cueva el Che se reunió con los trabajadores y conoció
las difíciles y peligrosas condiciones laborales de aquellos hombres
bajo tierra. Poco después durante el encuentro con los funcionarios
del Ministerio de Industrias, el Che recordaba aquella visita a El
Círculo al reiterar la atención que se debe dar al hombre
cualquiera que sea la labor que le tocara desempeñar, el
aprovechamiento de la energía humana y el estudio como una
obligación diaria.
A
pesar del esfuerzo, la falta de cultura en el campesinado para el
uso del abono orgánico, más los contratiempos enfrentados con el
transporte, envases, mantenimiento técnico de los equipos y otros
problemas que agravaron la situación se determinó liquidar la
empresa y cerrar las instalaciones, lo que ocurrió a finales de este
propio año.
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