Por Eduardo Labrada Rodríguez y Malena Alvarez Julín
CAMAGÜEY.- La geografía y la arquitectura de nuestra ciudad, situada
sobre llanuras fértiles, nos concedió el patrimonio de parques y patios
interiores siempre acogedores. Esa tradición lugareña hizo de las flores
un atributo del paisaje camagüeyano junto a tinajones y aleros
sombreados. Hoy las flores se nos “escapan”, y a la vista variedad y
calidad no compaginan con los precios, que “andan” por las nubes.
MIRADAS AL PROBLEMA
Junto al surco, por el reparto Nueva Esperanza, al sur de esta
ciudad, Amado Caballero Guerrero nos dice que una vez dejó el timón y se
metió a jardinero. “Entonces vine para acá. Primero sembré hortalizas,
pero como siempre me han gustado las flores, me dediqué a la
jardinería”.
De esos primeros tiempos, Amado recuerda que hubo unos 20 jardines en
aquellos alrededores, ahora quedan apenas cinco. El éxodo de
floricultores puede tener varias causas, pero el principio del fin
comenzó por la inestabilidad del sector de Servicios Comunales del
municipio de Camagüey, los incumplimientos de contratos y los atrasos en
el pago de la producción a los cooperativistas empezaron a ser
frecuentes.
“Y qué decirle del precio que nos pagan por las flores, —abunda
Amado—, para que se den cuenta del problema, les diré que Comunales nos
está pagando a cuatro pesos la docena de rosas de primera, pero en la
calle una sola rosa se vende a cinco pesos. Los gladiolos se los tenemos
que vender baratísimos y las azucenas no dan negocio por lo caro que es
producirlas y, contradictoriamente, el poco valor que se les da. Hoy en
día cultivar flores con destino a Comunales es un problema”.
Horacio Sierra, productor de la cooperativa campesina Renato Guitart,
fue en sus buenos tiempos uno de los mejores floricultores de Cuba. En
su jardín La Margarita, de 0.47 caballerías de tierra, en el mismo
reparto donde labora Amado, Horacio comenzó a sembrar flores hace muchos
años, con producciones anuales de hasta 250 000 docenas. Hoy, apenas
cultiva cerca de 110 000, pero sabe que las cifras continuarán
descendiendo.
“Muchas cosas están enredando la producción, sucede que usted siembra
mucho y Comunales no las quiere, te dice que ya tiene bastante. Por
otra parte, los pagos son malos y atrasados. Los productos agrícolas han
subido, pero las flores tienen el mismo precio de hace veinte años”.
Un tema vital en este análisis con los productores es la necesidad
que tienen de recibir no solo determinados insumos, como mangueras,
insecticidas y equipos de jardinería, sino también algo tan importante
como las semillas de calidad. Por otro lado, las amenazas del cambio
climático también son reales en la jardinería.
Anabel y Sonia González Moreno pertenecen a la cooperativa Julio
Antonio Mella. Ellas laboran en una pequeña parcela de casi dos
hectáreas en el reparto Las Delicias y poseen un punto de venta junto a
las tapias del cementerio de la ciudad. Las hermanas confiesan que
algunos de los vendedores que se reúnen en ese lugar compran las flores
a otros productores y se dedican a la reventa, lo que, por supuesto,
encarece aún más el precio.
“No es fácil invertir en este cultivo porque debes hacer un gasto
enorme pagando líquido insecticida, electricidad, la turbina…, y cuando
al fin crees que vas a recoger el resultado de la cosecha, se empantana;
además, el pago de Comunales se atrasa dos y tres meses. Vivimos del
crédito y de seguir así cada vez vamos a tener menos flores”.
NI RECURSOS NI PRECIOS ACEPTABLES
Marlene González Sosa, trabajadora de la funeraria La Caridad, se
ocupa de la venta de flores para los servicios necrológicos, motivo por
el cual, obligatoriamente, recibe las quejas de la población: “Una
solución que veo para resolver este problema es recurrir nuevamente al
fomento de jardines, porque desde que se decidió convertir esos terrenos
en autoconsumos, dependemos de los productores particulares”.
El jardín El Gladiolo, situado en el camino a Camujiro, puede que sea
un superviviente de la “época de oro” de la floricultura en nuestra
ciudad, sus cifras de producción en calidad y variedad estaban entre las
mejores del país. Orlando Socarrás Chao, el administrador, también
refiere a
Adelante Digital las dificultades con precios y
contratos: “Un problema mayor si no se ataja a tiempo es la falta de
semillas de calidad. Resolví 2 000 posturas de manito de la reina y con
Holguín establecimos un contrato por 28 000 extraña rosa, pero Comunales
del municipio no garantiza ni recursos ni precios aceptables”.
Azada
en mano, Víctor Odonell Toledo Gago, jefe de área en la cooperativa
Amalia Simoni, nos acompaña por entre los canteros que revientan de
girasoles: “Yo considero que el primer problema comenzó con el desajuste
de sus precios, aunque esto se ha tratado de solucionar. Lo otro, a mi
modo de ver, es la falta de seriedad de Comunales en relación con los
convenios, te embarcaban la producción”.
En este momento, una parte de la producción de la “Amalia Simoni” se
destina a los Servicios Comunales y la otra es comercializada
directamente por los campesinos a través de vendedores particulares que
hacen causa común con floricultores también cuentapropistas y que
permiten, sin tropiezos burocráticos, que las flores lleguen a la
población.
¿HACIA DÓNDE VA EL FUTURO?
Entre los floricultores surge siempre la misma pregunta: ¿Cuál será
el futuro y la solución? Madelín Chávez de Varona, subdirectora de
Floricultura y Mobiliario Urbano, en el municipio de Camagüey, opina
que la causa de la reducción de flores se debe a las diferentes
temporadas de producción. “Por eso es que en las funerarias a veces se
hace difícil la presencia de ramos y coronas. En ocasiones hemos tenido
que apoyarnos en otras provincias para cubrir adornos florales para
actividades. Tenemos una queja de años relacionada con el bajo precio
que pagamos, lo que también es causa de reducción de jardines, pero
Comunales no puede pagar más, ese precio se estableció por listado
oficial, desde el 27 de abril del 2009”.
Una mañana compartimos con Francisco López Guerra, jefe del
departamento de Áreas Verdes y Mobiliario Urbano, y Mayra Wilson
Castillo, recepcionista de flores, ambos de la Dirección Municipal de
Comunales. Varios son los jardines con los que mantienen vínculos, entre
estos los de las cooperativas Julio Antonio Mella, Raúl Gómez García y
la Renato Guitart, la 17 de Mayo, del municipio de Minas, y Saimí, de
Sierra de Cubitas. Francisco reconoce que: “el precio que se paga en
Camagüey a los cultivadores de flores se encuentra entre los más bajos
del país”, a pesar —según él— de los esfuerzos por mejorar esa
situación.
La amplia colaboración para este trabajo periodístico, tanto de los
floricultores como de las direcciones de Comunales provincial y
municipal, demuestra la búsqueda de soluciones de unos y otros por
eliminar las trabas burocráticas y económicas que por años han
caracterizado este asunto.
Por lo pronto, no se avizoran soluciones concretas, pero hay
confianza en el esfuerzo de productores y acopiadores para lograr
acuerdos que beneficien a todos, pero especialmente al sector más
vulnerable, la población, para que no tenga que seguir “deshojando” su
cartera.