Observo
por estos días a niños y jóvenes ensimismados ante sus pantallas
de tables y computadoras, juegos “inocentes” que en su adicción
les aislan e incomunican con su entorno y se saltan esa maravillosa
y también formadora etapa de grupos capaces de enseñarnos a
convivir en sociedad y no como un homo sapiens aislado y por tanto
vulnerable ante la vida.
Algún
lector me sugirió, escribir sobre aquellos juegos que formaron parte
de nuestras vidas y que hoy tanto se necesitan. Bueno, me dije, pero
primero vamos a recordar un poco como por aquella época, cada cual ,
en sus juegos, se creaba un oficio de fantasía que con seguridad
perdura en muchos.
Por
lo que a mi respecta, imagino que mis oficios se iniciaran con el
Conde de Montecristo.
El
Conde... fue, si la memoria no me falla, el primer libro que me
regalaron. Me lo obsequio mi tía Raquel en una de aquellas
distribuciones que cada Día de Reyes hacia entre sus sobrinos.
